En mi publicación anterior conté
el incidente del facebook y pensé que quedaría allí, borrón y cuenta nueva,
pero al realizar la publicación decidí compartirla en la red y me llevé la
sorpresa de que aquella discusión no había terminado y el lamentable incidente
cada vez daba lugar a nuevas y discusiones, con las ya mencionadas
descalificaciones y otras lindezas, mientras hacía mis tareas diarias en el
ordenador me mantuve conectada y de vez en cuando husmeaba en el grupo, en algún
momento puntual intervine con afán de avivar o apagar el fuego, según el grado
de diversión del momento, pero aun así no dejé ni por un momento de
reflexionar.
Cuando somos diferentes y
sentimos el peso de la sociedad sobre nosotros, constantemente reivindicamos
nuestro derecho a la individualidad y partiendo de esta premisa no podemos
permitirnos ser intolerantes, cuando alguien ataca con saña y sin motivos generalmente
es fruto de sus debilidades, miedos, carencias y la falsa concepción de que le
mejor defensa es un buen ataque. En la vida por el simple hecho de ser
diferentes cualquier persona debe aprender a vivir dentro de la sociedad de la
forma más equilibrada posible, porque la sociedad es cruel y no son pocos los
que menosprecian a sus semejantes por ser gordos, por ser feos, por ser muy
altos o muy bajos, por ser homosexuales o cualquier otro rasgo que nos
diferencie, por tanto mientras más se encarnizaba el debate más pena sentía por
quien lo estaba generando y mientras más atentamente leía sus insultos, léase
mensajes más segura estaba de que estos no eran más que un SOS de una psiquis
atormentada, de una soledad evidente.
Vivimos en un mundo en el que cualquier
persona puede estar sola en medio de la multitud, porque de cada vez así como
antes las grandes catástrofes la solidad colectiva se hace visible, antes los
pequeños problemas, ante las cosas cotidianas no existe la misma solidaridad, a veces porque no se toma
conciencia de que aquella persona nos necesita, a veces porque le juzgamos
prejuiciadamente y pensamos que su proceder es el causante de sus problemas, no
porque así sea, simplemente porque nosotros gestionaríamos la situación de otra manera, hay quienes cierran los ojos
y se tapan los oídos y otros son incapaces de empatizar con nada, ni con nadie. Cuando
mis reflexiones llegaron a este punto decidí tender un puente a foco de la
discusión y recibí disculpas, halagos y una sincera oferta de amistad, de un
plumazo la hiena se convirtió en una gatita sumisa, en ese momento
devolví lo que me daban y fui consciente
una vez más de que se pueden subir altas montañas si nos amamos y nos ayudamos los unos a los otros.
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