domingo, 17 de agosto de 2014

Sola


En mi publicación anterior conté el incidente del facebook y pensé que quedaría allí, borrón y cuenta nueva, pero al realizar la publicación decidí compartirla en la red y me llevé la sorpresa de que aquella discusión no había terminado y el lamentable incidente cada vez daba lugar a nuevas y discusiones, con las ya mencionadas descalificaciones y otras lindezas, mientras hacía mis tareas diarias en el ordenador me mantuve conectada y de vez en cuando husmeaba en el grupo, en algún momento puntual intervine con afán de avivar o apagar el fuego, según el grado de diversión del momento, pero aun así no dejé ni por un momento de reflexionar.



Cuando somos diferentes y sentimos el peso de la sociedad sobre nosotros, constantemente reivindicamos nuestro derecho a la individualidad y partiendo de esta premisa no podemos permitirnos ser intolerantes, cuando alguien ataca con saña y sin motivos generalmente es fruto de sus debilidades, miedos, carencias y la falsa concepción de que le mejor defensa es un buen ataque. En la vida por el simple hecho de ser diferentes cualquier persona debe aprender a vivir dentro de la sociedad de la forma más equilibrada posible, porque la sociedad es cruel y no son pocos los que menosprecian a sus semejantes por ser gordos, por ser feos, por ser muy altos o muy bajos, por ser homosexuales o cualquier otro rasgo que nos diferencie, por tanto mientras más se encarnizaba el debate más pena sentía por quien lo estaba generando y mientras más atentamente leía sus insultos, léase mensajes más segura estaba de que estos no eran más que un SOS de una psiquis atormentada, de una soledad evidente.



Vivimos en un mundo en el que cualquier persona puede estar sola en medio de la multitud, porque de cada vez así como antes las grandes catástrofes la solidad colectiva se hace visible, antes los pequeños problemas, ante las cosas cotidianas no existe la  misma solidaridad, a veces porque no se toma conciencia de que aquella persona nos necesita, a veces porque le juzgamos prejuiciadamente y pensamos que su proceder es el causante de sus problemas, no porque así sea, simplemente porque nosotros gestionaríamos la situación  de otra manera, hay quienes cierran los ojos y se tapan los oídos y otros son incapaces de empatizar con nada, ni con nadie. Cuando mis reflexiones llegaron a este punto decidí tender un puente a foco de la discusión y recibí disculpas, halagos y una sincera oferta de amistad, de un plumazo la hiena se convirtió en una gatita sumisa, en ese momento devolví lo que me daban y fui consciente  una vez más de que se pueden subir altas montañas si nos  amamos y nos ayudamos los unos a los otros.

viernes, 15 de agosto de 2014

Una batalla consigo misma

Aunque quisiera hacer de este blog un diario no encuentro cada día cosas que me hagan reflexionar y sean de interés general. Ayer tarde en un grupo del facebook alguien preguntó ¿Se puede tener amistad con su ex? Supongo que en clara alusión al ex de su pareja, esta persona despareció, no volvió a intervenir, pero dejó tras de si un debate encarnizado y aunque la pregunta fue clara el debate no se centró en su ex, fue a parar directamente a mi ex, desde el inicio una de las participantes arremetió sin piedad contra los ex, al parecer por malas experiencias, que por otra parte no me resultaron nada extrañas teniendo en cuenta el carácter, la saña, el rencor y todos los sentimientos negativos existentes anidados en el interior de una sola persona.

La forma de encarar los avatares de la vida por lo general ponen de manifiesto lo mejor y lo peor que hay en cada individuo y el modo en que nos comunicamos en las redes sociales nuestra educación, más allá de todo esto mi principal reflexión es ¿por qué pedimos al mundo tolerancia si no somos tolerantes? No es posible enjuiciar a las personas por el simple motivo de no coincidir con nuestras opiniones, sean de la índole que sean, políticas, religiosas, culturales, sexuales, el mundo es tan diverso como personas los habitamos, cada uno de nosotros es un individuo único e irrepetible, la sociedad pone unas normas que debemos acatar y respetar y precisamente ante las normas injustas de la sociedad los que tenemos cualidades o gustos afines formamos grupos e intentamos conseguir la aprobación y el respeto de todos.

Seamos consecuentes con lo que pedimos a los otros y pongámoslo en práctica nosotros mismos y sobre todo, respetemos las individualidades, no nos lancemos a un pelea con nuestro entorno para defender una postura fruto de nuestras carencias, de experiencias individuales que cada uno enfrenta con las armas psicológicas que tiene a su alcance. En la capacidad de conocernos, respetarnos y asumirnos está la verdadera felicidad, aprender a conocernos es mejor que batallar constantemente con nosotros mismos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Una vida sin recuerdos




Cuando era pequeña uno de mis mayores entretenimientos era mirar fotos, vivía en la casa de mis abuelos y en una vieja caja de cartón había cientos de fotografías, por esa época mi abuela ya contaba con más de setenta años y en aquella caja estaban sus hermanos y ella cuando eran jóvenes, fotos en blanco y negro en las que el paso del tiempo había dejado huellas, pero que contaban las historias de mi familia, también había fotos mías,  de mis padre, mis tíos, mis primos, en definitiva nuestras vidas en imágenes. Con el paso de los años en aquella caja se sumaron las fotos de las familias que cada uno fue creando hasta llegar a la mía, cuatro generaciones reunidas dentro de una caja de cartón.

La vida familiar como todo en la naturaleza cumple unos ciclos invariables, un día mis abuelos se marcharon y la caja con las fotos pasó a manos de mi tía la mayor y allí siguen bien resguardados nuestros recuerdos, recuerdos que un día tal vez me toque custodiar al ser la mayor de la tercera generación, pero en la caja de cartón el paso del tiempo se detuvo con el nacimiento de mí nieta mayor, con la llegada de internet y la digitalización de la fotografía ahora nuestros recuerdos viajan por redes invisibles, están guardados en otra caja algo más nueva, pero en la que mis nietos al buscar no encuentran nada, algunos se conservan en una simple tarjeta, no importa el soporte en el que las resguardemos del paso el tiempo, pero para acceder a ellas necesitamos el ordenador, la televisión en definitiva dedicar tiempo.
La forma más fácil de acceder a nuestras fotos es guardarlas en el ordenador, pero ¿cuántas veces las hemos perdido irremediablemente por un accidente informático? Lo he vivido en primera persona, la historia gráfica de mi familia guardada en el ordenador y un buen día una infección, un intruso me arrebataron mis recuerdos, el de mis hijos y el de mis nietos, mi nieto Alejandro nunca podrá ver la primera vez que jugó con la nieve, ni los demás tendrán la visión de sus caras el día de la llegada de los Reyes Magos, tampoco la pequeña su carita de gusto al saborear la primera papilla. Y yo me pegunto cuando mis bisnietos comiencen a tener consciencia familiar ¿en qué vieja caja encontrarán sus raíces?