La vida familiar como todo
en la naturaleza cumple unos ciclos invariables, un día mis abuelos se
marcharon y la caja con las fotos pasó a manos de mi tía la mayor y allí siguen
bien resguardados nuestros recuerdos, recuerdos que un día tal vez me toque
custodiar al ser la mayor de la tercera generación, pero en la caja de cartón
el paso del tiempo se detuvo con el nacimiento de mí nieta mayor, con la
llegada de internet y la digitalización de la fotografía ahora nuestros
recuerdos viajan por redes invisibles, están guardados en otra caja algo más
nueva, pero en la que mis nietos al buscar no encuentran nada, algunos se
conservan en una simple tarjeta, no importa el soporte en el que las
resguardemos del paso el tiempo, pero para acceder a ellas necesitamos el
ordenador, la televisión en definitiva dedicar tiempo.
La forma más fácil de
acceder a nuestras fotos es guardarlas en el ordenador, pero ¿cuántas veces las
hemos perdido irremediablemente por un accidente informático? Lo he vivido en
primera persona, la historia gráfica de mi familia guardada en el ordenador y
un buen día una infección, un intruso me arrebataron mis recuerdos, el de mis
hijos y el de mis nietos, mi nieto Alejandro nunca podrá ver la primera vez que
jugó con la nieve, ni los demás tendrán la visión de sus caras el día de la llegada de
los Reyes Magos, tampoco la pequeña su carita de gusto al saborear la primera
papilla. Y yo me pegunto cuando mis bisnietos comiencen a tener consciencia
familiar ¿en qué vieja caja encontrarán sus raíces?
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